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Por qué es mucho mejor comer el aguacate de origen español

El aguacate es uno de frutos más populares en todo el mundo. Sus propiedades no han pasado inadvertidas en nuestro país y cada vez se consume más.

Es un hecho, el aguacate está de moda y lleva así bastante tiempo. No en vano, en una somera búsqueda por la famosa red social Instagram, la palabra 'avocado' –su vocablo en inglés– arroja una apabullante cifra de ocho millones de imágenes referidas a este fruto. En España la situación es muy similar. No hay duda de que nos hemos enamorado del aguacate y de que además el cultivo del mismo está ya consolidado. Todo comenzó hace 40 años en la comarca malagueña de la Axarquía, cuando se plantaron los primeros árboles procedentes de California (EEUU). En aquellos primeros años los productores llegaron a organizar jornadas para evangelizar al consumidor acerca de este nuevo producto y sus enormes beneficios. Ahora, en cambio, el aguacate es de los frutos más codiciados, pues el mercado europeo demanda una media de entre 5.000 y 5.500 toneladas semanales. Eso sí, solo es posible disfrutar de nuestro aguacate entre diciembre y junio.

Un filón

El filón de ser un producto al alza y su gran rentabilidad –con precios que rondan los 3 euros el kilo– hacen que los productores, si el clima es propicio, se decanten por su cultivo. De este modo, se ha convertido en el perfecto candidato para agricultores en ciernes en zonas como Málaga, Cádiz, las Islas Canarias o Alicante. En esta última provincia, el aguacate ha desbancado a plantaciones tradicionales de cítricos en comarcas como la Marina Baixa, según recoge un informe de la organización agraria Asaja-Alicante. Sin ir más lejos, en la localidad de Callosa d´en Sarrià hay 300 hectáreas dedicadas a este fruto, más del doble que hace cinco años, y su exportación crece cada año en Europa. Sin embargo, por el momento en España la demanda de aguacate es algo menor que en el resto de Europa, pues a pesar de que hemos pasado de 200 gramos por habitante a casi un kilo, todavía estamos muy lejos de países como Francia, cuyo consumo es de cerca de dos kilos por habitante al año.

Recolectadora de aguacates.

En cambio, en América del Norte el aguacate empieza ser tan primordial como el propio aire a juzgar por el millón de toneladas al año que consumen. Actualmente, el mayor consumidor mundial de aguacates es EEUU, cuya pasión aguacatera satisface en gran medida México (con un 70%). Solo en el estado mexicano de Michoacán se producen 120.000 toneladas de aguacate al mes. Puede parecer desproporcionado, pero durante megaeventos como la Super Bowl de 2017 se llegaron a exportar 100.000 toneladas (el guacamole con nachos es uno de los snacks favoritos de los estadounidenses). Ese mismo año, México produjo el 30% del total de los aguacates que se cosecharon en el mundo; es decir, un millón y medio de toneladas.

Impacto medioambiental

No obstante, esta moda del aguacate podría tener un importante impacto ambiental. ¿Y por qué? Porque, según ‘Les avocats du diable’ (Los aguacates del diablo), emitido el pasado 21 de septiembre en France 2, este cultivo se está merendando los bosques de ciertos estados de México donde su producción es masiva. En concreto, en solo cinco años, en dicho país se han deforestado 170.000 hectáreas de pino. Así, entre 1980 y 2015, según el Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), la superficie sembrada pasó en Michoacán de 30.979 a 134.941 hectáreas. El problema es que la práctica habitual para conseguir nuevas tierras es prender fuego a los bosques en los que posteriormente se plantarán árboles de aguacate. También se opta por plantar los aguacateros debajo de los pinos que, de esta manera, logran pasar inadvertidos ante los ojos de las autoridades.

Aunque nutricionalmente el aguacate es irreprochable, pues contiene vitamina A, C, D, E, B-6, B-12 y K, mejora la salud cardiovascular y es incluso beneficioso para la piel, sí que presenta un gran inconveniente: la huella de carbono. De ahí que se haya comenzado a valorar cuestiones como la procedencia del producto, pues según un estudio realizado por Carbon Footprint Ltd, un pequeño paquete de dos aguacates supone una emisión de 846.36 g de CO2, casi el doble del tamaño de un kilo de plátano (480 g). ¿Y por qué? Pues en gran medida se explica por el transporte de la popular fruta. Debe viajar miles de kilómetros y su consumo de energía es muy elevado para mantenerla refrigerada. Y claro está, todo ello contribuye al calentamiento global. Además, según el activista Tristram Stuart en su libro 'Waste: uncovering the global food scandal', debemos apostar por productos de cercanía si queremos acabar con el desperdicio alimentario global. No en vano, se calcula que cerca de dos terceras partes de los productos se desperdician antes incluso de llegar a las manos del consumidor por culpa de la cadena de intermediarios.

Aguacate nacional

Otra de las razones para decantarnos por el aguacate nacional es que su cultivo está más controlado que el procedente de otros países. Sin ir más lejos, se sospecha que en algunas plantaciones de este fruto en México se podrían emplear pesticidas cuyo uso está prohibido en Europa, al menos así se desprende del reportaje ‘Les avocats du diable’, que hemos citado anteriormente. Por supuesto, otra importante diferencia es su frescura, pues es preferible un producto que se ha cosechado hace unos escasos días (e incluso la víspera) a otro que ha tenido que afrontar un viaje de miles de kilómetros durante varios días. En suma, parece que tenemos sobradas razones para empezar a mirar el cuentakilómetros no solo del aguacate, sino de todo lo que comemos.

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